
Jero, cantante de los toledanos The Sunday Drivers saludaba tímidamente a la gente que abarrotaba el Indian el viernes 11 de febrero... “es una sorpresa para nosotros ver que tantos habéis venido a vernos porque hace dos años tocamos en Santander y éramos treinta personas”.
Una persona de las primeras filas dijo “menos”, Jero contesto “¿menos de dos años o menos de treinta?”.
Efectivamente, hace tiempo tocaron en el Malaspina y no fueron más de veinte personas las que fueron a escucharlos, pero las cosas han cambiado y con su segundo disco “Little heart attacks” han llegado los reconocimientos. Han sido disco nacional 2004 y portada de Mondosonoro, uno de los cinco mejores discos nacionales para El País de las tentaciones (fueron portada en julio), Rolling Stone (4º), Metrópoli, Novedades, Bad Magazine, etc.
Además salen en la radio y la televisión, luego existen.
Esto, unido a su éxito en el Festival Transmusicales de Rennes (Francia) donde fueron considerados por tres críticos como mejor concierto del festival les ha abierto las puertas del mercado europeo y el sello Naïve va a publicar su disco fuera de nuestras fronteras.
Como es normal después de todos estos logros, el viernes se vendieron más de doscientas entradas.
El grupo repasó prácticamente la totalidad de su último trabajo, se pudo escuchar la conocida “On my mind”, o la alegre “Can´t you see” intercaladas con canciones del primer cd como “Time, time, time”, o “All is good around me”. También tocaron baladas como “love our love” o la más country “Tears & Years” a la que el cantante calificó como la canción ideal para tocar en un local así.
Los Toledanos son un grupo aglutinador, una gran esponja que absorbe todo un caudal de influencias, desde la psicodelia de los Doors, al folk americano de Dylan o los Birds, pasando por el soul de gente como Paul Weller, el rythm & blues de los Stones o el pop británico de los Beatles u Ocean Colour Scene.
Todo esto es devuelto de una manera inteligente, homogénea, equilibrada. Son como creadores de perfumes, componiendo los elementos, conjugando las partes de manera razonable, sacando partido de todos sus conocimientos para obtener una forma nueva e interesante que es además el resultado de todas las formas que lo componen.
Sin saturar, sin abusar, dando con la dosis justa, todos los instrumentos tienen su importancia, se necesitan pero ninguno destaca más que el resto.
Los teclados le dan un empaque impresionante a todas las canciones además del alma de la música negra, la sección rítmica está perfectamente cubierta por batería, bajo y acústica con el apoyo de la eléctrica, que se encarga además de efectos y punteos. Han encontrado la formula misteriosa del Pop no del todo acústico ni del todo eléctrico. Suena fresco y optimista, nada ñoño.
Encima tienen a un vocalista con una voz llamativa, tanto en su timbre como en su manera de cantar, es una voz cálida pero que rasca (a veces recuerda a Kelly Jones de Stereophonics).
Es posible que faltaran más coros doblando la voz principal, pero el guitarrista Fausto Pérez hizo las voces justas. Estaba bastante ocupado de intentar arreglar los eternos problemas técnicos que le tuvieron entretenido durante gran parte de la actuación
El final del concierto no pudo ser mejor. Se reservaron para los últimos veinte minutos la dramática y preciosa “I should go”, seguida de la canción que cierra y da título a su disco “Little heart attacks” que ejecutaron de manera redonda, magistral, con una medida del tiempo de la canción perfecta, entrando poco a poco, subiendo en intensidad, con la réplica de los coros y ese final que pone la carne de gallina:
El lamento de una armónica a la que sigue una melodía que va colandose en la canción mientras esta va ganando en matices, se va perfilando y finaliza con unos coros gloriosos, luminosos, llenos de vida. Jero viró el pie de micro hacía el público y los más valientes acompañaron al grupo con el “la, lala, la,la, lala, la, la...”. Todo un himno.
Y para rematar tocaron el “Your time is gonna come” de Led Zeppelin que prolongaron durante unos diez minutos en los que se fueron despidiendo dejando de tocar de manera escalonada.
Una hora y cuarto de concierto. Si siguen la progresión la próxima vez habrá que buscar otro lugar que este se va a quedar pequeño
The Sunday Drivers son, junto con grupos como Sidonie o Deluxe, un claro ejemplo de música nacional de calidad cantada en inglés. Si los discos de estas bandas o artistas nos los trajeran de fuera seguramente se valorarían más. Es triste, pero bien cierto.