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Lecci?n de humildad (Ken Stringfellow) / 2007-01-05

Lecci?n de humildad (Ken Stringfellow)El viernes 5 de enero llegaba el turno del músico americano Ken Stringfellow (The Posies). Creo que a día de hoy todavía se oyen los ecos de lo que allí vivimos. Es necesario que alguien le entregue las llaves de la ciudad, que se le haga “hijo predilecto”, lo que sea... Voy a intentar explicar lo que sucedió, pero será muy difícil que alguien que no estuvo allí, comprenda lo que no se puede contar si no se vive.

La exposición de fotos de Hugo Valbuena (un recorrido por el directo de Cantabria) hizo la espera más amena en un principio e interminable a última hora. El público comenzó a ponerse nervioso, silbar. La preocupación empezó a cundir en algunos. A las 22:55 el verdadero protagonista de la noche, baja las escaleras, de manera pausada se sube al escenario, saluda y recibe una estimulante ronda de aplausos de unas trescientas personas. El artista sonríe con una mezcla de agradecimiento y vergüenza. Se calza su guitarra, baja el pie de micro al pasillo y empieza a cantar Any love (Cassandra et lune). El público enmudece, pero solo era el principio. En la segunda canción retiró el micro y se puso a cantar “a capella” (a partir de ese momento, la práctica totalidad de su actuación fue a pleno pulmón). Su voz volaba libre por todo el salón, ningún obstáculo para apreciar todos los matices, cada entonación, cada susurro, cada grito... estábamos viendo al músico con mayúsculas, tocando sus canciones de la manera más primitiva, sin adornos, sin aditamentos, música latente, en carne viva, música pura sin manipular. El tercer tema fue Shapes (The Long Winters), uno de los múltiples grupos en los que colabora. En ese momento, el genio además decidió darse un paseo por el pasillo que divide las dos zonas de bancos. El técnico de luces y los fotógrafos detrás suyo, y él, con una tranquilidad pasmosa, repartiendo los trozos de su arte por aquí y por allá, acercándose a sus seguidores, mirándoles a la cara mientras cantaba, como queriéndose llevar para siempre el gesto amable de los que le acompañábamos en ese momento. Demostrando unas tablas y saber estar al alcance de muy pocos.

Poco después Stringfellow decidió que la gente estaba muy lejos e invitó a todo el mundo a subirse al escenario. Así pues, unos cuantos aficionados se sentaron en la madera, a ambos lados del teclado. Sonaron Down like me, Find yoursel alone, Reveal love y Know Diamond entre otras. El fenómeno sacaba la música de las entrañas, no se puede cantar con más alma. Además de sentir las canciones como nadie, hace que las sientan los demás. No ahorró discursos entre canción y canción, estaba muy relajado, daba la sensación de que en lugar de haber venido a tocar a Santander, éramos nosotros los invitados al salón de su casa. El Rey majo dice “dejad que los chicos se acerquen a mi”, hace magia, pero no utiliza trucos, ¿dónde se enseña el talento?, ¿dónde se compra el carisma?. Creo que es algo que se tiene o no se tiene. Ken Stringfellow lo tiene y lo mejor de todo, es que lo demuestra de la manera más humilde, más humana. Sin histrionismos, dando el protagonismo a la gente, mostrándose como una persona sencilla y generosa. También tuvo un hueco para los nostálgicos y tocó You are the beautiful one, Precious moments o That don’t fly de sus discos con The Posies.

Como quiera que estaba rodeado por los ambos lados, lo de quedarse en una esquina y salir a la hora que la gente pide los bises iba a quedar a la vista de todo el mundo así que poco después de Death of a city se levantó, enfiló el pasillo con la mirada baja y salió por la puerta principal en medio de una sonora ovación.
No tardó en regresar, para los bises insistió en que la gente que quedaba en los asientos, se acercara al escenario. Con este nuevo acercamiento, Ken encaró la parte final de su actuación, el silencio era brutal, solo se escuchaba alguna tos que otra y los taconazos con los que el músico acompañaba los golpes de voz. El músico se levantaba, daba pequeños paseos alrededor de la gente, se paraba en los ojos de cada uno, sonreía devolviendo el respeto y la admiración, nos aplaudía... lo hacía totalmente relajado, con la paz en el gesto, del que después de mucho recorrer, parece haber logrado la plena madurez, haber encontrado su sitio. Era como si buscase el cobijo entre la gente... Here’s to the future puso fin a una noche histórica que seguro que quedará en nuestras retinas durante largo tiempo. Ken Stringfellow dio las gracias a todo el mundo, Gobierno de Cantabria, a Mara, Nacho, David, al público... sobra decir que la gente estaba totalmente alucinada, boquiabierta.
Pues bien, después de esta gloriosa demostración, el americano ni corto ni perezoso, se gira, coge una maleta que había al fondo del escenario, la abre en medio del mismo y se pone a vender cds como si fuera alguien que está empezando en este mundillo. (No hay que olvidar que el mozo toca o ha tocado en The Posies, REM, Big Star, Minus 5, White Flag, Chariot, Long Winters... entre otros además de acompañar en el escenario a leyendas como Neil Young por ejemplo). El resultado es que no paró de vender y firmar cds, sacarse fotos, hablar con la gente... y no solo eso, todavía tuvo humor para ir al hotel, dejar la maleta y regresar para tomarse un vino con unos pocos seguidores. ¡Genio y figura!

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