
La Corte de los Milagros, grupo cántabro formado por Bum Bum Buil (batería), Conrado de Santiago (bajo), Glam Boy (guitarra) y David deLlera (guitarra, hammond y voz), firmaron su separación definitiva delante de sus paisanos, el pasado jueves 19 de mayo. Su última página se escribió en plena línea de playa, en la sala BNS de Santander, frente al majestuoso mar cantábrico.
Buenas Noches Santander, es un pub moderno, que acostumbra a albergar conciertos de artistas nacionales como Antonio Vega, Mikel Erentxun, Iván Ferreiro...etc. Tiene una buena capacidad, que podría ser mayor con otra distribución. Las columnas impiden cualquier cambio. De tal manera que la sala se tiene que ir llenando a lo ancho, a ambos lados de un escenario perfectamente acoplado al local, centrado, regular y muy alto.
Con un retraso de unos cuarenta minutos, comenzaron su última actuación. Puede que debido a los problemas técnicos que fueron surgiendo a lo largo de la noche, no fuera la despedida soñada, pero el grupo siempre quedó por encima de los imponderables.
Haciendo honor a su fama, y para no variar, LCM mostraron una puesta en escena eléctrica, descarada, directa y dinámica.
Rímel de ojos, uñas pintadas, cuero negro y boas de colores, todo muy efectista, cabaretero, teatral.
El grupo lo dirige con maestría David deLlera. Es un frontman total, demuestra una pasión y una implicación que no cesa en cada segundo de concierto. Se transforma en cuanto suenan los primeros acordes, se desata, lanza a sus compañeros, contagia al público. Es chulo y provocador, tiene todas las poses que recuerdan a las grandes estrellas. David toca y se expresa, parece que este es su estado natural. Llena el escenario, se sube en la batería, en los bafles, se arrodilla, soba cada metro de su parcela, se arranca a tocar entre la gente, salta, aporrea el teclado con la locura de Little Richards... etc
Se lo cree, está seguro, se mete en el papel. Parece que se excita con la música. Nadie queda indiferente, tiene admiradores y detractores, pero nadie duda de su profesionalidad.
Además, está muy bien rodeado por gente que sabe a lo que tocan, que beben de fuentes antiguas (garage, soul, rythm & blues, pop, glam rock...) pero que mezclan perfectamente con un sonido más propio de grupos españoles de los 80 como Burning, y aires más arrabaleros como los de Tequila o Los Rodríguez.
La coctelera funciona, pues conecta, y tanta variedad, lejos de quedar difuminada, se vuelve puro bloque.
Sobre el meridiano de la actuación, el equipo de sonido se resintió. Tras arduas investigaciones averiguando de donde provenía el problema, la banda se despedía pidiendo disculpas y dando los agradecimientos pertinentes. Con algunas personas desfilando ya, y la zozobra adueñándose de los músicos, se produjo lo inesperado. Después de mucho probar, consiguieron que la cosa funcionara de nuevo.
Mientras tres cuartos de la formación seguían en el escenario pidiendo a gritos que el vocalista volviera, este, agazapado en el fondo del bar, mascando todavía el disgusto, noqueado por el contratiempo, se acercaba algo incrédulo y apesadumbrado lentamente al escenario.
Nuevamente retomaron la senda de las buenas canciones, aunque ahora la voz sonaba más baja. Enrabietados, buscando la bruja o el gafe, lo que no perdieron fue la inspiración.
Después dar un repaso por temas como Para ti, Chico Tímido, Pequeña Lola, La ciudad de los semáforos en verde, Lola, Dile al mundo, Tic tac Bum, El sueño de Marta ... hacía el final, llegó el momento de las versiónes. Varías fueron las que tenían preparadas. Fotos de Mila (Pictures Of Lily -The
Who), 20Th Century boy (T. Rex), White light, white heat, (Velvet Underground) y la definitiva, la última canción que tocó La Corte en directo. Cuando éramos Reyes de Quique González. La verdad es que hubo un punto de melancolía en ese “The End”, cada estribillo ya hablaba en pasado, y es que la historia ya estaba escrita.
El mundo de la música es un negocio complicado, que normalmente devora a grupos con muchas cosas que decir y encumbra a auténticos personajillos. ¡Lamentable!.