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Johnny Clash (Speedbuggy) / 2005-04-27

Johnny Clash (Speedbuggy)El miércoles 27 de abril, se daban cita en la sala Picos de Liérganes los americanos Speedbuggy Usa.
En este mismo lugar, tocaron fechas atrás gente como Jason Ringenberg o Jonny Kaplan, que enfocan la música de raíces americana desde su cara más clásica.
Esta vez, Speedbuggy, pusieron el country patas arriba. Lo echaron litros de gasolina punk y prendieron la mecha.
El resultado fue una especie de Rockabilly salvaje, machacón y chispeante.
Estuvo muy animado, a juzgar por los gritos, algunos movimientos de cadera, y los aplausos y ovaciones que la concurrencia les dispensaba, se puede afirmar que causaron muy buena impresión.
Lo más curioso, es que toda esta descarga la realizaban con batería, guitarra acústica, bajo, acompañados únicamente, a veces con una eléctrica, y la mayoría por un pedal steel. Con eso, se bastaban y sobraban para mirar el country-rock desde los ojos de un caballo al galope, o de un toro mecánico desatado.
A veces, se podía imaginar al gran Johnny Cash, resucitado, y encerrado en el mismo vagón, con miembros de los Clash, Stray Cats, acompañados también por Carl Perkins o Johnny Winter. Todos tocando juntos mientras viajan a velocidad de vértigo en un tren que pasa enloquecido a través de los raíles de ese instrumento tan maravilloso llamado Pedal Steel.
La máquina era conducida de manera notable por Greg “Elroy” McMullen, que hizo una demostración de como deslizar los dedos sobre las cuerdas, tanto en posición vertical, como horizontal, con o sin slide.
También se puede destacar la aportación del bajista. Brady Sloan, con cabeza rapada estilo mohicano, le puso el espíritu combativo y el voltaje que requería esta curiosa mezcla.
Se podían ver sus venas latentes, como enredaderas vivas, que crecen hasta alcanzar el mástil y sentir la madera. Como lombrices tostandose, a punto de reventar.
Y así transcurrió la hora larga que duró su actuación. Rocanroleando, viajando de Louisiana a Liérganes, mamando hillbilly descarado y canalla.
La sensación que deja este tipo de grupos, es que está muy bien mientras lo ves, gustan al público, te hacen pasar un rato divertido. Todo correcto, pero la verdad, es que a partir de tres cuartos de hora aproximadamente, empiezas a ver que la cosa no va a dar más de si. Que todo lo que tenías que ver, ya te lo han mostrado, y que por mucho que toquen, no van a salir de unos ritmos que se acaban repitiendo, y que al final, no sorprenden como al inicio.
De todas maneras, y como ya he comentado anteriormente, la duración del evento, no se prolongó más de lo necesario, así que te vas con buen sabor de boca para casa. Eso no quiere decir que en una o dos semanas, te hayas olvidado del concierto. Seguramente, en cuanto venga el siguiente.

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