
El martes 7 de Junio, la sala Picos de Liérganes ponía fin a la temporada de conciertos hasta el próximo mes de septiembre, en el que retomarán su programación. Los elegidos para esta ocasión, fueron The City Lights. Parece que, a juzgar por los últimos grupos que están saliendo de Australia, la escena musical allí goza de muy buena salud. Jet, The Vines o You am I, son claro ejemplo. The City Lights, el último descubrimiento del país de los canguros. El sello Bittersweet recordings han estado muy certeros editando su primer disco Escape from Tomorrow today, y por lo visto en Cantabria, no tardarán mucho tiempo en hacerse un pequeño hueco dentro de la escena independiente.
Tres guitarras Gibson SG y un bajo Rickembacker sonando a la vez, fue toda una declaración de intenciones de lo que nos iba a deparar la noche.
En una palabra, ¡Salvaje!. Fue un concierto lleno de luces y sin ninguna sombra. Un espectáculo de rock and roll y power-pop como no se recuerda en estas tierras. Lo más cercano que guarda mi memoria fue la noche que tocaron The Shazam en el mismo sitio. Aquel fue un gran directo, pero lo del pasado martes ha superado todas las previsiones. Para mi, han subido al podio de mejores conciertos del año en la región. Es muy difícil comparar actuaciones, más cuando vienen bandas que ejecutan diversos estilos de música, pero hay días y días. Hay actuaciones flojas, aceptables, buenas, notables, y las hay sobresalientes como esta. Incontestables. De las que se pueden guardar todos los minutos, por que no hay desperdicio, ni relleno.
Uno de los miembros iba a acabar su gira por España esa misma noche, tenía que viajar a NY. Parece que entre todos se conjuraron para dar la máxima nota y se cascaron un concierto tremendo. Pildorazos de tres minutos. Fogonazos de garaje, música rock de los 70, con alma soul, melodías pop y la garra del punk. Con un sentido del ritmo que parecía innato, natural. Era como un rescate del movimiento de abanderados "Mod" como The Who, o The Jam, revisionado de una manera más moderna, creciendo hacia el power-pop de bandas como The Posies (What you gonna do) o Wezzer (Without you)
La Furia Australiana se mostraba de diversas formas:
Tres guitarristas saltando a la vez, golpeando casi el techo, sin dejar de tocar ni en el breve desafío gravitatorio.
Músicos chocando, peleando por su espacio, vibrando como niños cada vez que entraba su instrumento. Bailes espasmódicos pandereta en mano, moviendo cada músculo en cada "yeeah" que marcaban los seguidores.
Una espectacular figura subida de pie encima de la batería, en pleno duelo con su compañero, de espaldas a un tribunal que dictó una sentencia unánime. Es bastante revelador cuando ves a la gente esa especie de careta de feria, de sonrisa plastificada y fosilizada, que ha permanecido así desde el inicio al fin. Hay estados de felicidad que no se pueden disimular.
Mención especial para dos personajes. El batería, que estuvo excelso, repartió a diestro y siniestro. Ejecutó un repertorio muy elástico, con redobles de toda clase, molinillos invertidos, salidas de cero a infinito en segundos … ¡Espectacular!. Podía describir perfectos recorridos elípticos, que iban del plato de corte de su derecha a la caja base situada entre sus piernas. Trazados invisibles de golpe a golpe, girando en redondo, mezclando la sutileza del niño que hace volar una cometa y la velocidad del ciclista de velódromo.
Tacto y rapidez. La cometa se enganchó en un molino de viento y la inercia de la bici le acompañó durante toda la actuación. Acabó colgado de una de las vigas, balanceándose como un mono y pateando sus platos, tambores y timbales que terminaron por lo suelos.
La otra reseña es para uno de los guitarras que en algunos momentos se ocupaba de los teclados, incluso en ocasiones de las dos cosas casi al mismo tiempo. Su padre era chileno por lo que fue el enlace con el público. Un tío simpático que lo mismo se acercaba a la gente para pedir unas caladas de un "cigarrillo de la risa" que sacaba la cámara de fotos y era él quien nos las hacía a nosotros.
Su cara amable detrás de aquellas gafas de pasta y su colección de brincos, quedarán en el recuerdo mucho tiempo.
Bandas así, hacen que los conciertos pequeños en salas pequeñas tengan a veces la misma grandeza que los recitales en pabellones o estadios.