
“Parece que le caemos bien al invierno, se ha comprado un piso aquí, se ha quedado a vivir”. No podía dejar de cantar esto según caminaba bajo la lluvia el pasado viernes 14 de mayo. Amigos Imaginarios visitaban el coqueto Café de las Artes para enmarcar una nueva actuación del ciclo “Desconciertos”.
Puedo entender que la banda no sea “número uno” en listas de ventas, encajo también que no den conciertos para un aforo multitudinario… lo que no comprendo es que apenas tengan repercusión y hagan actuaciones de mes en mes. Con este tipo de injusticias me acuerdo de Santi Balmes cuando decía “hay gente que sólo utiliza las orejas para apoyar el lápiz”. Supongo que hay que ser más “cool” para tener más escaparate pero este es un grupo de verdad, no les hace falta llevar tatuajes ni botas vaqueras para ser “real”. Su autenticidad está en la honestidad de sus canciones. Creo que en el mundo de la música suben a gente de dudosos méritos y los que tienen calidad, quedan sepultados por el rímel y la charlotada. Puede que haya sido siempre así, pero no por ello deja de parecerme chocante.
Amigos Imaginarios son como los “Castellers”, un ejemplo de solidaridad y equilibrio, todo pesa lo mismo, la suma de sus individualidades hace una base bien sólida. A partir de esto, la torre crece, les falta mucho para llegar al cielo de las ventas millonarias pero ya han pasado varias veces la altura de la emoción y el buen gusto. Hay armonía, claridad, elegancia y un trabajo coral. Arriba del castillo humano aparece Santi Campos, él no tiene vocación de estrella pero es la voz y la pluma y qué coño… alguien tiene que ser. Santi canta claro, se le entiende todo… sus letras no tienen dobleces. Quizás se castigue demasiado. La mayoría de nosotros habremos pasado por situaciones similares, de manera que podemos sentirnos personajes de sus canciones. Además de la empatía que esto genera, no hay nada como verle sufrirlas para darse cuenta de lo que expone frente a la audiencia.
Sebas, Chumi, Ester y Charly son los cimientos de carne y hueso, terreno firme sin duda. Me comentaron que Ester salía cojonudamente en las fotos. Es cierto, parece que había muy buena iluminación en su lado pero es que la chica tiene un aura especial. Cada vez que libera su voz, una luz pura llena todo lo que hay alrededor. “Vendiendo arena” hizo que me rindiera definitivamente, grupos así dignifican la música. Siguen dejando cabos sueltos pero ahora aspiran a ser un poco más felices… no serán disco del mes, serán disco del año. “Muñecas rusas” debería tener esa distinción aunque fuera en pequeños foros. A mí, de momento, así me lo parece.

Dejaré el tema de las etiquetas para otro día, es un coñazo y no genera más que discusiones, lo dejamos en pop-rock con cierta tendencia al lado americano y solucionado. Tampoco voy a relatar el currículum de los integrantes porque figuran o han figurado en un buen puñado de bandas bastante interesantes y se haría muy árido. Diré que desde las primeras Mi mitad oscura o Bicho raro, hasta Canción del frío y su clásica versión del The Weight (The Band), vimos un concierto redondo y muy especial, en un sitio a su vez, muy especial. Efectivamente, le caéis bien al invierno y a mí también.
Fotos: Gonzalo Valencia (Loxza)