
El miércoles 16 de febrero tocaron en la sala Picos de Liérganes los americanos The Last Vegas. La actuación que estaba prevista para las diez de la noche, comenzó con casi media hora de retraso. A esas horas, en Santander ya había gente haciendo cola en frente de la tienda Tipo para sacar la entrada del concierto de U2 en San Sebastián. La tienda se abría al día siguiente. Sólo una decena pudieron hacerse con tan preciado botín. El resto además de pasar frío y sueño no tuvieron la misma suerte.
Los que prefirieron concierto en mano que entradas volando fueron a Liérganes. Un centenar de personas más o menos.
The Last Vegas son un grupo procedente de Chicago formado por cuatro jóvenes melenudos que con un único disco en el mercado “Lick 'em & Love 'em” ya han teloneado a bandas como The Cynics, Turbonegro, Hellacopters, Cherry Valence o Urge Overkill por ejemplo. Han sido comparados aparte de con muchos de los citados, con los Stooges, Motley Crue, Guns N’ Roses Aerosmith, AC/DC (de los que tocaron una versión) .
Además, el año pasado estuvieron en el cartel del prestigioso Azkena Rock Festival de Vitoria aunque finalmente no asistieron.
El cantante comentó que era la primera vez que venían ha tocar a España y estaba muy contento con la respuesta de la gente. Puede parecer una tontería, o puede que no lo sea, pero saber que un grupo que viene de tan lejos a nuestro país, se desvirga (musicalmente hablando) en nuestra tierruca, da cierto placer.
Lo que se escuchó esa noche fue un monologo de hard rock, y punk muy cañero, auténticas apisonadoras totalmente revolucionadas.
El concierto duró aproximadamente una hora, pero es que los chicos tocaron a una velocidad vertiginosa, con una potencia tremenda, fue algo atronador, empalmando las canciones una detrás de otra sin dar descanso al personal.
Saturación de guitarras, y una batería castigada de manera salvaje. El promedio de baquetas rotas o volando por los aires era espectacular. Para guinda Nate Arling acabó tocando de pie con dos baquetas gigantes, eran como enormes bolos alargados. Su cara se transformaba como la de un troglodita totalmente en éxtasis y parecía que aquello se iba a venir abajo.
Sus canciones fueron ejecutadas al más puro estilo del punk-rock americano; “short, loud and fast” (cortas, ruidosas y rápidas)
Las voces solistas y de acompañamiento se las reparten entre los dos guitarras del grupo (cuando uno canta el otro hace los coros y viceversa). Aún así tienen que acabar con las cuerdas vocales abrasadas.
En la recta final del show, uno de ellos colgó sus brazos de una de las vigas de madera de la sala y dejó su Les Paul bailando en el aire, libre, indefensa, ofrediéndola al público para que varias manos acariciaran el mástil o escalaran por sus cuerdas. Todo hecho con el tacto y respeto que se merecía esa preciosa Gibson.
Seguro que todavía a alguno le siguen zumbando los oídos.