
En casa otra vez. Nacho Mastretta tuvo que irse de Santander a Madrid para acabar triunfando en esto de la música. Su esfuerzo le ha costado. Hasta que le ha llegado el reconocimiento que tiene a día de hoy, ha pasado por tocar en grupos de escasa repercusión como Las Manos de Orlac o La Marabunta, trabajar como técnico de sonido, discjockey, o componer música para desfiles de moda.
Ahora, hace bandas sonoras, colabora y produce proyectos de otros músicos y tiene tres discos a sus espaldas. Su música es tan inclasificable que puede tocar en festivales tan dispares como el Fib, Tanned Tin, Sonar, Festival de Cine de Gijón o el Festival de Jazz de San Sebastián.
El pasado jueves, 30 de marzo se acercaba de nuevo a Santander, dentro del ciclo Creadores de Cantabria. El Teatro Centro Cultural Caja Cantabria, inmejorable escenario para este tipo de conciertos, estaba repleto en tres cuartos de su aforo. Una lástima que no hubiera lleno. La verdad es que los días previos no se han visto muchos carteles promocionales.
Nacho Mastretta (saxo, clarinete, armónica, teclados), salió al escenario acompañado de sus músicos habituales, Pablo Novoa (guitarra eléctrica), Miguel Malla (saxo, clarinete) y Ricardo Moreno (batería, percusión). Durante cerca de hora y media, dieron un recital mágico, original, con un sonido impecable y una gran puesta en escena.
Sin proyecciones, ni espectaculares juegos de luces. Ellos solitos se bastan para transmitir en un concierto más de lo que muchos grupos podrán hacer a lo largo de toda su carrera.
Mastretta tiene un pie en el Jazz y el otro en las músicas populares (mediterráneas, tropicales). Su música te lleva de viaje a pueblos costeros en fiestas, a playas caribeñas, a bares del oeste americano, o a clubes privados repletos de gangsters. Sonidos que activan los resortes de la memoria, transportándote a épocas pasadas, lejanas, recordadas con nostalgia, revividas con cariño. Como fragmentos de películas que te han ido empapando a lo largo de los días, o simplemente, películas vividas en idílicos sueños y que afloran de nuevo al son de la música.
Entre sus influencias se encuentran, Henry Mancini, Cole Porter o Nino Rota, y no sería extraño encontrarle haciendo la banda sonora de una película de Tarantino o de Woody Allen.
Nos ofrecieron un concierto para contener la respiración y dejarse llevar, para deleitarse con el duelo de saxofones serpenteantes o menearse con los exóticos ritmos de Ricardo Moreno (ex- Ronaldos). Volvimos a redescubrir a un músico impresionante, Pablo Novoa (ex-Golpes Bajos), con una técnica para tocar la guitarra exquisita, sacando un sonido limpio, primitivo y auténtico.
N.M. arprovechó la actuación para tocar entre su temas ya conocidos, una primicia que presentó con un gracioso “esta canción es nueva, es la primera vez que la vamos a tocar en directo y esperamos que sea la primera vez que vosotros la escucháis”.
El respetuoso silencio que demostró el público en toda la actuación se transformó en charanga y diversión en uno de los puntos álgidos del concierto. Fue cuando en mitad de una canción, los cuatro magníficos bajaron y se mezclaron entre el público mientras seguían tocando. Por momentos todo el teatro quedó dando palmas al ritmo de la banda, y alguna que otra chica cimbreando las caderas con ese curioso pasacalles. La gente pudo disfrutar del soplido de los saxofones delante de sus narices, a a escasos centímetros de sus risueñas caras.
En definitiva, clase a borbotones, emoción, fiesta y un gran espíritu de música en directo. Muchas veces, tocada totalmente a pelo, sin necesidad de bafles o de micros.