
Finalmente. ¡Ya era hora!. El sábado 23 de abril, en la sala Tropicana de Santoña, La Habitación Roja zanjó definitivamente su cita con la historia. Para ellos, y para el público de una región que parecía maldita y condenada de por vida, a no poder ver a estos chicos en directo.
La cosa tiene su miga. LHR han llegado a suspender hasta cinco veces (creo, ya he perdido la cuenta) una actuación en nuestra región. No en vano, éramos las única comunidad donde no habían tocado. Me imagino que los motivos habrán sido diversos, pero todos conocemos lo que pasa por aquí.
La historia de La Habitación Roja empieza en el año 1995, en el pueblo de L'Eliana (Valencia) cuando 4 jóvenes amantes del buen pop deciden formar un grupo.
Después de 4 discos oficiales y multitud de canciones en singles, ep´s y recopilatorios a través de su anterior sello, LHR se han colocado entre los grandes grupos de la llamada escena independiente española. Ahora, han dado un salto de calidad grabando su quinto cd “Nuevos tiempos” en Chicago, además de contar con la producción del prestigioso Steve Albini.
Se encuentran en el mejor momento desde que empezaron su carrera, han alcanzado una gran madurez, y empiezan a ser más conocidos. Entran en listas de ventas, salen en tv. y todas esas cosas que a algunos molesta tanto.
La verdad, es que durante la hora y cuarenta minutos que duró el concierto, los valencianos ejercieron como tal, dando un calor a todas sus canciones, digno de la mejor falla. Esta vez, fue una falla norteña.
Siendo un grupo pop, tienen un espíritu bastante punk, y derrochan energía por los cuatro costados. En directo, demuestran una contundencia y agresividad que no se apreciaba en sus cds (en el nuevo, algo más).
Había que ver como Jorge aporreaba su Rickembacker a puro nervio, entre espasmos, alcanzando en el esfuerzo, una especie de éxtasis (se le llegaban a quedar los ojos en blanco). Mientras, Pau hacía el trabajo de fino estilista y gran guitarra que es, además de doblar alguna voz. Mark y Jose llevaban la locomotora a toda máquina, pero sin descarrilarla.
Las primeras filas estaban totalmente entregadas. Había gran algarabía, sucesión de cánticos de un público fiel, que conocía perfectamente todos los recovecos de esta habitación. Gran parte de ellos, botaron sin descanso, como si tuvieran brasas encendidas bajo sus pies. Supongo que es lo lógico cuando la gente viene con hambre atrasada (doscientos cincuenta, aprox.), y el grupo se deja la piel y no se guarda nada .
Y todo esto, a pesar del sonido. El sonido fue malo, estaba muy alto, saturado, quedaba embarullado. Había que hacer un ejercicio de imaginación para ponerse, en el mismo concierto, pero escuchándolo como Dios manda. Las melodías quedaban sepultadas bajo esa potencia desmedida, y los matices no se apreciaban tan bien.
La verdad es que en el anterior (Chuck Prophet), pasó todo lo contrario, por lo que hay que pensar que habrá sido algo puntual.
Sonaron piezas emblemáticas de su repertorio, como Largometraje, Anónimos, o Mi habitación y muchas canciones de sus dos últimos trabajos, Scandinavia, Por ti, Dices que no...
La traca final vino con La edad de oro y Los últimos románticos, que sonaron brutales. Gran fin de fiesta, pero con un sabor agridulce, y es que, la acústica es muy importante, y esta vez, no acompañó.